Tormento

Los personajes

  • José Ido del Sagrario – trabajaba para un escritor. Amigo de Felipe Centeno y vecino de Amparo y Refugio.
  • Felipe Centeno - Amigo de José Ido del Sagrario. Trabaja para un banquero, Agustín Caballero.
  • Agustín Caballero – el banquero patrón de Felipe. Primo de Francisco de Bringas.
  • Amparo – vecina de José y hermana de Refugio. También llamada Tormento. Trabaja para los de Bringas por una miseria y hace todo lo que Rosalía le pide. Luego es la prometida de Agustín.
  • Refugio – vecina de José y hermana de Amparo. Era la más pequeña de las dos y la más liberal. No quiso estar a la merced de Rosalía y se fue de la casa.
  • Francisco de Bringas – casado con Rosalía Pipaón. Oficial segundo de la Real Comisaría de los Santos Lugares. Una excelente persona. Primo de Agustín Caballero.
  • Rosalía Pipaón – esposa de Francisco. Ellos tenían 3 hijos. Era, hermosa, juvenil, y llena de frescura.
  • Prudencia – la criada de los Bringas.
  • Sanchez Emperador - Padre de Amparo y Refugio, muerto ya.
  • Alfonsito Bringas– hijo menor de los Bringas. - Isabelita Bringas– la hija (la del medio) de los Bringas. -Paquito Bringas – hijo mayor de los Bringas que estudiaba leyes junto a su amigo Joaquinito Pez.
  • Torres – el hombre que llegó a la casa de Bringas en remplazo de Agustín. NO se sabía cómo se ganaba la vida y le arrastraba el ala a Amparo
  • Pedro Polo – un sacerdote que daba clases y maltrataba a los niños. El hombre que llamaba a Amparo, Tormento y que había tenido una relación con ella y estaba obsesionado con Amparo.
  • Juan Manuel Nones – otro sacerdote, el mejor amigo de Pedro Polo que habían vivido junto muchas experiencias de vida y le había dicho que se fuera a vivir a Filipinas para que se olvidara de todo.


Capítulo I – un día
Dos embozados, Felipe y José se encuentran y van al café Lepanto. Uno trabaja para un capitalista, banquero, Don Agustín Caballero y el otro trabaja para un escritor. Este último escribía también sus propias novelas que su patrón le dejaba hacer. Luego cada uno cuenta sus propias experiencias de trabajo. Felipe debe llevar una carta a dos niñas solteras que terminan por ser las vecinas de José que viven en el mismo edificio, Amparo y Refugio. Al final del capítulo José le dice un secreto a Felipe.

Capítulo II – segundo día
Se describe a Francisco de Bringas con un señor noble que todo lo hacía en la casa. Era muy bueno para la mano de obra y los quehaceres domésticos. Casado con Rosalía Pipaón, tuvieron tres hijos. Uno de 15 años que era bien engreído y estudiaba letras, otra niña de 10 y otro hijo de 9. Luego describe a Rosalía como una bella dama, más joven que su marido y con un poco de alcurnia debido a sus antepasados por parte de la madre. Habían dos cosas divinas para Rosalía: el cielo, a mansión de los elegidos y Palacio, donde estaba su historia y su ideal (18). A fines de noviembre, se mudaron de la casa de la calle de Silva en la que vivieron 16 años (19).

Capítulo III, IV, V, VI, VII – tercer día
Estaban aquí Rosalía con su amiga Amparo y la criada Prudencia limpiando la nueva casa. Rosalía daba órdenes para limpiarla aquí y allá. Felipe también ayudaba a Francisco y éste le ordenaba porque Felipe estaba muy distraído mirando a Amparo. Así de disputaban unos a otros para poner la casa en regla. Pobre Felipe, se lo pasaban de uno a otro entre Francisco y Rosalía. Llegada la noche, Rosalía estaba encantada con la casa Madrileña. Luego le describe a su amiga Cándida toda la casa, cuarto por cuarto y pasillo por pasillo. “La Pipaón de la Barca no daba paz a la lengua.” La casa estaba ubicada en el lugar más céntrico de Madrid con todo lo que ella necesitaba al alcance de la mano. Luego la campanilla de la puerta sonó.

Aquí se muestra el carácter cursi y de grandeza que poseía Rosalía hacia Amparo y Refugio. Refugio, no soportó más los aires de grandeza y las humillaciones de Rosalía y se fue de la casa. Así quedó Amparo, la más débil, a cargo de Bringas. Don Francisco la defendía y le tenía compasión más que nada por le había prometido al padre de ellas, Sánchez Emperador, que las cuidaría cuando el muera. De todas formas, Rosalía trataba a Amparo muy mal y la hacía trabajar como una yegua.

Vemos aquí muy bien la relación que Rosalía tenía con Amparo y lo mal que la trataba. Cuando la trataba bien era para decirle que se hiciera monja y que le iba a conseguir la dote a través de su primo Agustín pronto llega a la casa trayendo tres entradas para ir al teatro. Una de ellas era para Amparo. Pero Rosalía no podía imaginar la presencia de Amparo junto a ella en el teatro y trata de convencer a Agustín que ella era una analfabeta y que lo único que servía era para ser monja. Así le echa una indirecta a su primo para que le de la dote para Amparo pero este se marche ofendido de la casa sin dar respuesta.

Tercer día a la tarde
Cuando Agustín Caballero salía de la casa se topó con los niños Alfonsito e Isabelita que venían del colegio. Mientras tanto Rosalía deliraba en su mente el deseo de que su hija fuera más grande para poderse casar con su tío y así quedar ben parada. Y luego también pensaba que si se quedaba viuda ella se casaría con Agustín para darles a sus hijos una buena vida. Luego de jugar un poco los niños con el tío Agustín, Don Francisco llega de trabajar. Invita a Agustín a cenar pero él no acepta. Paquito estudiaba y daba discursos con su amigo en el cuarto y su padre estaba orgulloso de él. Entre mucho alboroto y mientras Rosalía se vestía para el teatro, Agustín ofrece pagar por las clases de piano de Isabelita. Amparo da de comer a la familia y luego mete a los niños en la cama. Luego se van para el teatro.

Tercer día a la noche en el teatro
En el teatro, Rosalía se reía con todos y con todos cambiaba opiniones formando parte de la sociedad. Siempre atenta a lo que pasaba en los palcos y con las mujeres de clase alta. Por el contrario, D Francisco en un hombre agarrado con el dinero. No dejaba gastar un céntimo si no era absolutamente necesario y las frivolidades como los peinadores de Rosalía y demás habían sido completamente prohibidas. En este capítulo se describe la personalidad de D. Francisco y lo avaro que el parecía ser.

Capítulo VIII, IX – tres noches más tarde…
Los Bringas van nuevamente al teatro y dejan a Amparo se quede a dormir porque el más pequeñito estaba enfermo, así ella lo cuidaría. Mientras Ampara leía la biblia, el timbre de la puerta suena. Era Agustín. Los dos se ponen a hablar de Agustín cuando fue a América y tal. Luego Agustín le pregunta si era verdad que ella se iba a meter de monja. La conversación sigue al punto que Agustín comienza a alagar a Amparo y hasta llamarla hermosa aconsejándola no hacerse monja. Que ella tenía una vida muy rica por delante.

La misma noche
Aquí se describe el pensamiento de Agustín en cuanto a cómo él había pensado decirle a Amparo que le gustaba y que se quería casar con ella. La enroscaría con palabras hermosas y con el dinero que él tenía para convencerla. Pero las cosas no fueron como Agustín las había imaginado. En un momento le dice a Amparo que él la esperaría si ella decidía hacerse monja y que de la única forma que volvería a Burdeos era si ella se metía de monja y perdía toda esperanza. Pronto se oye la puerta, eran los señores que volvían del teatro.

Capítulo X, XI – el sábado de aquella semana
Estaban Ampara y Rosalía en el cuarto de costura cuando Rosalía dijo que Agustín pagaría por la dote de Ampara. Pero esta no estaba muy convencida de ello y le dijo que lo iba a pensar. Cuando se iba de la casa pasó por la oficina de D Francisco para recoger su paga pero este no le pagó un centavo. Cuando llegó Amparo a su casa comenzó a hablar con su hermana Refugio. Aquí se ve cómo Refugio odia a los Bringas y le dice que mientras trabaje para ellos lo único que Amparo conseguirá es miseria. Luego le confiesa que está posando vestida para unos artistas pintores y es así como se ha comprado unas botas nuevas.

El mismo sábado a la noche
Estaba Amparo sola y suena el timbre de la casa. Era Felipe que traía el sobre de D Agustín. El sobre tenía
Billetes. Así se quedan hablando y Felipe le cuenta lo millonario que era su patrón D Agustín y la casa tan grande y tan bonita que tenía la descrió de pies a cabeza. También le dijo la cantidad de gente que viene a pedir ayuda de dinero y que su patrón les da a todos. Ya eran casi las nueve de la noche y Felipe se retira sin pasar a saludar Ha ido y su esposa que lo estaban esperando en el apartamento de abajo.

Capítulo XII – El domingo a la madrugada.
Amparo revisó los billetes y se dio cuenta que era muchísimo dinero pero no sabía de quien venía. Tenía una sospecha que era de D. Agustín. Su hermana entra a la una de la mañana y ve cuánto dinero tenía su hermana Amparo. Refugio quería le prestase algunos duros ero la hermana le dijo que solo si ella trabajaba. Se fueron a dormir y ese mismo domingo a la mañana Refugio salió de la casa. Amparo hacia los quehaceres de la casa hasta que pronto llego Refugio. Pero como no se hablaban por la discusión que habían tenido la noche anterior, decidió ir a visitar a su vecino D. José.

Capítulo XIII, XIV, XV, XVI – al día siguiente, lunes.
Fue a lo de Bringas como de costumbres pero al momento de que debía llegar D. Agustín como todos los días llegó otra persona que era muy arrogante. Luego Amparo volvió a la casa y alguien le trajo una carta que al ver la letra, la destrozó. Luego cruzó todo Madrid de incógnito y llegó a una casa donde fue recibido por una anciana. Allí vivía un enfermo que llamaba a Amparo, Tormento. Luego de tener una conversación, ya que Amparo (Tormento) no lo iba a ver por tres meses, ella limpió la casa y luego bajó a comprar comida y algunas cosas para la casa de este hombre.

Aquí se describe a Pedro Polo, un sacerdote que era el enfermo que Amparo fue a visitar. Un cascarrabias que enseñaba y maltrataba a sus alumnos. Un día discutió con su hermana Marcelina y esta lo dejó. Poco a poco Polo fue cayendo en la soledad y la miseria. Su casa se vino abajo y ahora lo cuidaba una anciana llamada Celedonia.

Cuando Tormento regresó cargada de bolsas a Pedro Polo se le iluminó la cara. Para él era como en las viejas épocas en donde todo estaba bien, había agua y carbón y sobraba la comida. Enseguida Amparo comenzó a limpiar la casa, la cocina, el cuarto de Polo y todo lo que venía detrás. El polvo dejaba la casa por entre las ventanas como si fuera una ráfaga de suciedad penetrada por años. Luego alimentó a Polo y se dispuso a volver a su casa. Pero Polo no la dejaba ir. Se puso muy severo con ella y luego Tormento se echó a llorar por creer que Dios la castigaba por ser débil. Ella había ido a ayudar a un enfermo moribundo como la carta que había recibido lo decía.

Polo le cuenta a Tormento un seño que tiene de hace muchos años y que él dice nació de su soledad. Que quería irse a vivir a una Isla de Asia o a América o una colonia Inglesa y llevarla a ella. Esto trajo una discusión horrible entre ellos sacando los “trapitos al sol.” He aquí donde se sabe que D. Pedro Polo había cuidado de ellas cuando su padre Emperador había muerto. El las alimentó y les dio casa y ropa. Es por eso que Tormento, y también debido a su debilidad de no poder decir no, va a cuidar y a alimentar a Polo. Tormento luego le da un billete que es de lo que le habían entregado a ella en el sobre. Luego de un corto diálogo, Tormento miente y dice que tiene que ir a buscar a los niños de Rosalía. Es así que se retira sintiendo un alivio interno. Ya no era Tormento, ahora era Amparo otra vez.

Capítulo XVII, XVIII – pasa la noche y el día siguiente.
Estaba Polo soñando con sus ojos cerrados acerca de esos lugares en los que quería irse a vivir. Celedonia lo interrumpe para ofrecerle comida y el periódico. Polo con mucha agresividad le pide a la vieja que se vaya, que ya no servía para nada. Luego Polo lee el diario y aquí el autor da a saber al lector lo que estaba pasando en históricamente en España, con la Monarquía, el clero y la religiones y las revoluciones entre liberales y republicanos. Al día siguiente fue a visitarlo Don Juan Manuel Nones, otro cura que era su mejor amigo. Polo le contó un largo cuento. Y cuando acabó Nones dijo que se preparara porque ahora él debía contarle otro a Polo.

Don Juan no pareció sorprendido ante la historia de Polo y luego le dijo la verdad de lo que tenía que hacer para terminar con esta enfermedad que Polo decía tener. Primero le habló como amigo pero luego como sacerdote y le indicó que lo que tenía que hacer era mudarse a Toledo con uno de sus parientes y trabajar la tierra, alimentarse bien y olvidar. Que todo iba a pasar y que luego de un tiempo lo iría a ver para saber cómo estaba progresando. Polo dudó en aceptar la oferta y Don Juan se puso furioso y lo amenazó diciéndolo que él no estaba para bromas y que nadie lo tomaría por estúpido. Que Don Juan tenía el poder para hacerle hacer lo que Polo debería hacer. Ya listo para irse, Polo le agarró del brazo y le dijo que haría lo que debería hacer para salir de su situación que lo estaba consumiendo. Pasaron la noche juntos y al día siguiente Don Pedro se fue al Castañar.

Capítulo XIV, XX, XXI, XXII – Al día siguiente…
Amparo estaba en la case de Bringas cuando llega Agustín. Rosalía y Francisco salen a la modista porque Rosalía debía alterar unas ropas para el baile que daban en el palacio. A la tarde, Agustín regresa a la casa de Bringas esperando encontrar a Amparo solo. En efecto así lo fue. Ella estaba en el cuarto de costura cuando él entró y le propuso que se casara con ella. Que él la había esperado y que estaba enamorado de ella. Luego los Bringas regresan. Agustín promete a Francisco pagar por el piano y las clases para su hija. Luego sale de la casa.

Luego Amparo se vuelve a su casa y en la calle la estaba esperando Agustín. Le propone que no se vean más a escondidas que pronto ella sería su mujer y que deberían verse en público. Que también las cosas deberían cambiar, que ya no sería la sierva de nadie y que los únicos mandados que haría serían para su propia familia, la de Agustín y Amparo. También le pide que de ahora en más el querría verla en la casa de Amparo y no a tientas en la casa de Rosalía. También que deberían tutearse ahora que pronto iban a ser esposos. Al final, Agustín le pregunta si podía subir a su apartamento pero Amparo dice que todavía no era oportuno.

Agustín que siempre había estado trabajando duro y en el desorden, ahora de más mayor, quería paz y tranquilidad. Compró una casa en la calle Arenal, era grande y estaba amueblándola con muebles preciosos. Poca gente podía tener una casa como esa. Caballero se pasaba horas en su despacho escribiendo cartas, en las cuales además de negocios comentaba que se había enamorado. No pensaba en nada más que en Amparo. En una carta le decía que se preparase para vivir en casa de los Bringas, y sino en la suya, pero que tenía que prepararse para casarse.

Tenía Agustín pocos amigos. Sus mejores amigos eran: Arnáiz, Trujillo y Mompous. Ellos, intentaron casarlo con alguna de sus hijas, excepto Arnáiz que no tenía, pero Agustín salía medio huyendo cada vez que se le invitaba a una casa. Un día pasó su prima Rosalía con los niños y como había escuchado que Agustín se casaría le preguntó directamente que quién era la muchacha. Agustín le dijo que se lo diría al día siguiente, y en efecto así lo hizo. Rosalía, casi sin voz, no lo podía creer y no pudo esperar a que llegara el marido para contárselo. Luego comenzó a especular la razón por la cual Amparo no aparecía en la casa desde el sábado.

Capítulo XXIII
En la noche antes de ir a dormir, Amparo no podía dejar de pensar cómo decirle a Agustín que no podía casarse con él. Pronto se durmió y al otro día se levantó temprano y mientras limpiaba la casa, seguí pensando cómo decirle que no podía aceptar su propuesta. Refugio se levantó y Amparo le dio dinero para que se vaya de la casa. Esa tarde Agustín vendría a verla y ella quería que todo luciera limpio. Agustín llegó y ella no supo decirle lo que le tenía que decir. Él le preguntó que le contara algo se su pasado.

Capítulo XXIV, XXV, XXVI
Después de tres día, finalmente apareció Amparo en lo de Bringas. Rosalía la trató maravillosamente y le dijo que no tendría problemas de que ella viviera con ellos, tal como se lo había pedido su primo. Amparo le dijo que no quería dejar a su hermana sola y que viviría en su casa hasta el momento que llegara la boda. Amparo necesitaba fuerzas para decirle a su prometido que no podía casarse. Decidió ir a la misa para tomar valor y crear una excusa para que fuera más sencillo decírselo. Allí se encontró con Marcelina Polo que no le sacaba la vista de encima y que estaba sentada al fondo de la nave de la iglesia. Cuando regresó a la casa, Amparo recibió una carta que provenía de Pedro Polo.

Amparo lee la carta. Era de Pedro Polo explicándole que estaba viviendo una vida en el campo rodeado de animales. Que le escribía a escondidas porque Nones no dejaba que se comunicara con ella ni con nadie. Aquí le cuenta que se está recomponiendo y que pronto viajaré a la isla y que allí vivirá- Amparo feliz, sabe que ya se ha librado de él. En la tarde, llega Agustín a la casa y pasan unas dos horas juntos. Luego llega Refugios y le pide a su prometido que se vaya porque en realidad no confiaba en el comportamiento de su hermana. Caballero se va del apartamento.

Pasan unos día, no se dice cuantos, pero finalmente Amparo le confesa a su hermana que Agustín se casaría con ella. Refugio sabía que ya no tendrían problemas con el dinero y que serían ricas. Pero su hermana le dijo que si ella no arreglaba su vida y comenzaba a trabajar y llevar una vida decente, no la ayudaría en absoluto. Amparo estaba muy perseguida por u malos pensamientos y creía que todos complotaban en su contra. Un día apareció Ido pidiéndole que entregara unos de sus escritos a Agustín porque aparentemente su patrón lo despediría. Amparo aceptó entregar la cartilla a su prometido pero cuando estaba sola la llegó y creyó que Ido sabía de su pasado y la quemó.

Capítulo XXVII, XXIX, XXX, XXXI – Fines de Enero del 68
Amparo fue otra vez al confesionario, no a confesarse, sino a decir al cura que no había tenido valor para decírselo a Caballero. En la iglesia, como la otra vez, estaba Marcelina Polo allí. Amparo discutió con su hermana y esta se fue porque no estaría a la merced de su hermana y porque ella quería tener una vida diferente a la de su hermana. Ido del Sagrario, fue a verla y le comentó que había ido a ver al señor Caballero y que estaba medio colocado y a la vez quería colocar a toda su familia. Pasó el año, y la boda se fijó para finales de febrero o principio de marzo del 68. Enero se lo pasaron con los preparativos. Rosalía no hacía más que dar consejos a Amparo. Un día preguntó Rosalía que si sabía donde vivía Marcelina Polo. Amparo la contestó como pudo. Estuvieron viendo la casa de Agustín y futura casa de Amparo. Al volver a su casa, acompañada de Caballero, Amparo recibió una carta que trajo Nicanora.

Amparo fue a ver a Pedro Polo. Se encontró que la criada estaba enferma de reuma y Pedro cuidaba de ella. Amparo fue a pedirle que la dejara en paz y se fuera a Filipinas de una vez para siempre. Pero él dijo que nunca la dejaría. Le preguntó si ella amaba a su prometido y Amparo mintió diciendo que no y pensando que esto calmaría las cosas pero lo hizo todo peor. Ella quiso escapar y el la encerró en su casa.
Estuvieron un rato en silencio. Luego empezaron a hablar, y discutieron. Ella dijo que mandaría una carta a Caballero diciendo que no se podía casar con él. Esto le pareció a Polo una bobada. Luego siguieron discutiendo y él la atrapó y la obligaba a que se quedara con él esa noche. Casi ahoga a Amparo. Amparo fue a la habitación de Celedonia, la cual no hacía más que decir que viniese el padre Nones y llamaba pecadores a los dos allí presentes. Quería que venga el Padre Nones que la iba a salvar del infierno en que ellos dos estaban ya metidos. Amparo decidió irse, la costó que la dejase marchar, pero al estar fuera se volvió para asegurarse de que Polo no iba a decir su secreto.

Mientras seguían discutiendo oyeron un ruido en el apartamento. Eran Marcelina y Nones. Ampara se escondió como pudo. Estuvieron hablando y cuando se iban a ir Marcelina dijo que había escuchado una voz de mujer. Luego hizo comentarios a cerca de Amparo y que se encontró con de Bringas y le contó cosas de Amparo. Cuando iba a salir encontró un guante que sabía era de Amparo. Empezó a buscarla por toda la casa hasta que finalmente escucharon a Celedonia quejándose en el cuarto. Ahí fueron y cambiaron de conversación. Nones se quedó hablando con la anciana en la cama.

Salieron los dos hermanos de la habitación, y Marcelina seguía diciendo que allí había alguien, y Pedro la echó, pero ella se quedó vigilando por si salía Amparo en frente de la puerta de la casa de su hermano. Cuando estaba Marcelina en la calle, salió Amparo de su escondite. Nones la vio y decidió que tenía que bajar a la calle. El padre Nones la acompañó y Marcelina solo miraba. Amparo cogió un coche y se marchó.

Capítulo XXXII, XXXIII, XXXIV – Al día siguiente
Al llegar a su casa, Caballero no estaba, ya se había ido. Al día siguiente fue a la casa de Bringas y Rosalía estaba muy contenta, la mandaba hacer cosas, lo cual hacía tiempo que no lo hacía. En cambio el señor Bringas estaba triste, serio y no la miraba tan siquiera. Rosalía comentó que sabía lo que pasaba que se lo contase ella, que ya lo sabía. Que se lo había dicho Marcelina y que sabía también que Amparo le había escrito un par de documentos a un tal hombre pero que estaba segura Marcelina era una buena mujer y no diría nada a nadie. Amparo en ese momento se desplomó en el suelo. Al recuperarse, marchó para casa con el permiso de Rosalía. Allí esperaba la visita de Agustín, que en cuanto se enterase que estaba enferma iría a verla y que ella le explicaría todo y él comprendería. Pero el nunca fue a verla.

Pasó esa noche y Agustín tampoco fue a verla. Pero tampoco fue al día siguiente, así que Amparo empezó a pensar es suicidarse. Había decidido que al día siguiente iría a la farmacia y compraría su veneno. Pasaron las horas, y oía ruido en las escaleras, que era su esperanza, pero nadie se dirigía a su casa. Se vistió para bajar a por el veneno, pero sonó la puerta, era Francisco Bringas. Había dicho que Agustín estaba muy desilusionado porque alguien, y dijo que no había sido su esposa, le contó que Amparo había escrito unas carta a un señor y que Marcelina Polo las tenía. El iba a encontrarse con ella a las doce para leerlas. D. Francisco le dijo que tendría que ir a ver a su prometido y le explicase todo. Tras un rato cogieron un coche y allí se bajó en la calle Arenal.

Llamó a la puerta y Felipe abrió. Agustín no estaba, se había ido a ver a doña Marcelina. Amparo pensó que no había nada que hacer y cuando se iba se mareó. Se sentó en el sofá y pidió un vaso de agua a Felipe. Luego dio a Felipe la receta del veneno y lo mandó a la farmacia. Cuando volvió pidió una carta y algo para escribir. Se tomó el veneno. Se fue a la otra habitación donde había también un sofá. Allí se sintió desvanecer, le agarró pánico y pensó en pedir ayuda, pero se encomendó a las manos de la virgen para morir en paz.

Capítulo XXXV, XXXVI
Como se había enterado Agustín no se sabe bien, lo más seguro por Mompous. Después de haberse desmayado Amparo en casa de los Bringas fue Caballero. Este se dio cuenta que Rosalía sabía algo. Rosalía dijo algunas mentiras, como que Amparo no estaba en casa y que ella había prometido ir a disculparse. Al día siguiente Caballero esperaba la visita de Amparo, pero en vez de ella fue Rosalía. La cual dijo que Amparo no estaba en su casa y comento algo sobre doña Marcelina. Así Agustín quería ir a ver a Marcelina.
Al día siguiente, don Francisco fue a casa de Agustín, almorzaron y comentaba, tranquilizando a su primo, que todo era mentira. A Francisco se le ocurrió una gran idea y fue a casa de Amparo. Poco después Caballero salió para casa de Marcelina. Marcelina no quiso decirle nada y quemó las cartas que tenia de prueba delante de él. Agustín lo único que pudo ver es que estaba firmado por el nombre de Tormento y con un garabato al final de la o. Al volver pasó por la casa de Amparo y la portera le dijo que se había ido con un señor, el cual reconoció Agustín como su primo. Al volver a su casa, Felipe le dijo que estaba Amparo esperándole. Tras buscarla por toda la casa, la encontró, vio la receta y preguntó a Felipe. Pero Felipe en vez de darla el veneno la había dado un calmante para el dolor de muelas. La llevaron para su casa.
Capítulos XXXVII, XXXVIII, XXXIX, XL
Cuatro días después, estaba Caballero enfermo. Estaba en su casa los Bringas. Rosalía le hacía ver que no debía irse otra vez para las tierras desconocidas de América. Luego comentaron el baile de palacio, en el cual le había sido robado el gabán a Francisco. Este estaba muy enojado. Hablaron sobre el estado del país, que la revolución se aproximaba. Al final Agustín prometió regalarle cuatro gabanes a su primo, a lo que Rosalía atendió aplaudiendo.

Según Felipe, su amo había cambiado mucho ya que antes era todo dulzura y ahora riñe y se enfada por todo. Al séptimo día, era el día en el que Agustín se marchaba a Francia. Cogió el coche sin decir donde iba. Mientras Ido y Felipe comentaban en el despacho sus opiniones. Agustín había mandado que Ido pusiese en todas las cartas que venían de Burdeos. Felipe sabía que Agustín había ido a ver a Amparo porque le escuchó decir la dirección cuando estaba en el coche. Otro de los comentarios fue que Rosalía robaba muchas cosas de la casa de su primo y se las llevaba a su casa. Por último decían que la única solución que la quedaba a ella era hacerse monja. Al final Rosalía comienza a llamar a Felipe y le da órdenes.

Llega Agustín a la casa y entra y ve a Amparo que estaba sentada y le dice que vino a despedirse de ella. Que no le tiene rencor pero que ella no lo merece. Luego Amparo en voz baja le cuenta lo que realmente sucedió. Agustín le pide un baúl a Nicanora y le dice a Amparo que prepare el baúl que se irá con él a Burdeos y que Felipe la pasará a buscar.

Luego cuando llegan a la estación Agustín le dice a su primo D. Francisco que mire and quien había trído. El contento le dice a Amparo que se cuide y que no coja un refriado que se diviertan y que escriban porque los iba a extrañar.

Capítulo XLI
Ya en casa de los Bringas, Rosalía estaba muy sofocada. Diciendo a su marido que si no había hecho nada al ver aquello. Francisco dijo que se fue de mala manera y enfadado con su primo. Esa mentira no era más que para tranquilizar a su mujer. Rosalía prometió decirles unas cuantas cosas cuando volviesen.